Hongos: Fascinantes y silenciosos

Cuando era niña, una de mis actividades habituales de los fines de semana era dar un paseo por el parque cercano a casa. La hierba ―un poco crecida― solía estar salpicada de pequeñas flores amarillas y blancas que sobresalían del pasto y se agitaban graciosamente con el viento. Aquel llamativo ‘baile’ de las flores atraía mi atención y derivaba en una de mis actividades favoritas: juntar florecitas hasta obtener un ramillete lo bastante grande con que obsequiar a mi mamá.

Mientras me inclinaba para recoger las flores, solía encontrar pequeños intrusos escondidos entre la hierba. Sabía que no eran flores y que tampoco tenían nada que ver con la hierba que se extendía por el parque. Para mí, esos diminutos paraguas que salían de la tierra no pasaban de ser unas plantitas extrañas con las que me encontraba de vez en cuando. No llegué a averiguar qué eran, pero me intrigaba encontrármelos a veces sí y a veces no durante mi colecta de flores.

Aún ahora, varios años después de aquellos paseos por el parque, encontrar el cuerpo fructífero de un hongo que crece en medio de la hierba o en un tronco caído en medio del bosque me parece un hallazgo fascinante. Estrictamente hablando, un cuerpo fructífero por sí solo no es un hongo; considerarlo como tal sería como mirar una manzana y llamarla «árbol de manzanas». El clásico paragüitas no es más que una estructura reproductiva en donde se almacenan las esporas que se dispersarán para la multiplicación del hongo.

Cuerpo fructífero. Photo by Egor Kamelev on Pexels.com

El ‘cuerpo’ del hongo (que usualmente no vemos) se compone de una compleja red de filamentos (micelio) que se extiende ―oculta de nuestra vista― en todas direcciones y puede alcanzar distancias tan largas como un kilómetro. Esta forma característica de crecimiento en filamentos ha permitido que los hongos colonicen hábitats tan diversos como tejidos de plantas, troncos de árboles, piel de animales, entre otros.

Los hongos reúnen características únicas. Al contrario de las plantas, no hacen fotosíntesis y se alimentan tras secretar enzimas que descomponen sustratos y los hacen fáciles de absorber. Seguramente lo has visto en tu cocina: un pan olvidado sobre la mesa, cubierto de una pelusita verde o blanca y con una textura que ya no es firme sino más bien algo gelatinosa. ¡Un hongo está comiéndose tu pan! Las enzimas que secreta hacen que el sustrato (en este caso, el pan) se vuelva blando para después ser absorbido por el hongo.

Los hongos son los reyes del reciclaje de materia orgánica. Al descomponer sustratos tan variados como hojarasca, madera, animales o plantas muertas, convierten moléculas complejas en otras mucho más pequeñas y simples para que puedan ser aprovechadas por plantas y otros microorganismos. Así, los hongos se encargan de circular los nutrientes para que estén disponibles nuevamente en la naturaleza.

Claro que, a veces, los hongos descomponen cosas que no nos gustaría: estructuras de madera en nuestra casa, libros, o hasta ropa olvidada en algún húmedo y oscuro armario. Al crecer en el suelo o en los tejidos vegetales, no es difícil imaginar que a los hongos les gustan los lugares oscuros y con humedad. Su temperatura favorita está entre los 25-27ºC, pero sus esporas pueden soportar temperaturas extremas (bajo cero o muy altas). Podemos pensar en una espora como una semilla superpoderosa que no se destruye con facilidad y que en las condiciones ideales, germinará para que el hongo prospere.

Por su parecido con las plantas, los hongos fueron catalogados como tales durante mucho tiempo. Fue desde 1969 ―gracias a la clasificación del ecólogo y botánico estadounidense Robert Whittacker― que los hongos se agruparon dentro de su propio reino: el reino fungi. Sin embargo, los hongos aún confunden e intrigan a muchos. Hasta el día de hoy son muchas las personas que creen que los carismáticos paraguas que asoman entre la hierba no son más que extrañas plantitas, o que aquel moho creciendo sobre la fruta es solo un extraño polvillo llegado de alguna parte desconocida del refrigerador.

Un halo de misterio ha rodeado a los hongos desde siempre debido a que es difícil notar su presencia, a no ser que los veamos en una ensalada (de champiñones), creciendo sobre nuestro queso olvidado fuera de la refrigeradora o en alguna desafortunada parte de nuestra piel. Sin embargo, están más presentes de lo que imaginamos, cumpliendo roles de importancia en la naturaleza y en nuestra vida diaria.

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Bibliografía

Utah State University. Intermountain herbarium. What are fungi? https://herbarium.usu.edu/fun-with-fungi/what-are-fungi

Introduction to fungi. http://www.botany.hawaii.edu/faculty/wong/Bot201/Myxomycota/Introduction.htm

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